Ha llegado julio con menos calor del esperado y me encuentro, como Mia, bailando con Sebastian en el planetarium…
Aunque aún no he alcanzado la meta fijada, he estado muy cerca, batiendo antiguas marcas. No es suficiente, lo sé, pero me da fuerzas para afrontar la próxima ocasión con más energía y con la certeza de que no voy a abandonar.
No abandones tus metas, porque ellas son la traducción de tus sueños. El límite reside, casi siempre, en la cabeza del soñador; lo único difícil de alcanzar es aquello que se observa con distancia y con miedo. Acércate más y verás que lo que deseas no está tan distante. Sobre todo, no confines ni conformes tu mente. Si hay algo bueno que realmente quieres, enfócate en ello y disfruta de cada paso del trayecto: ahí se halla la magia y la felicidad de la vida.
Lo importante es centrar el objetivo en tu corazón y en tu cabeza; haz que ambos se entiendan, se respeten y se apoyen. Es vital ser constante, incluso cuando sople alguna duda que pretenda distraerte de la ruta fijada. No olvides los motivos que te llevaron a tomar ese camino ni decaigas cuando parezca que aún queda mucho por andar. Al tomar la decisión, en cierto modo, ya has llegado. La incertidumbre la marca el compás de tu inseguridad; no le dejes abierta la puerta de tu vida. Cierra el paso al miedo y a la efímera amistad. Rodéate del cariño de esas personas que hacen que todo valga la pena y tenga sentido.
Doy gracias, de todo corazón, a mi círculo más íntimo, ese que no ha dejado de insuflarme su propia energía. Incluso a casi 3.000 kilómetros de distancia, he podido sentir el amor más grande de mi vida.
Este mes comienzo de nuevo con mi dorsal renovado, pero seguiré bailando con "mi Sebastian" en nuestro planetario particular. Seguiré cantando en la “Ciudad de las estrellas” porque de eso se trata: de saber diseñar, día a día, la propia felicidad.
Sé dueño de tu día; que no lo sea él de ti. ¡Feliz viaje!

Me gusta como escribes Rosario...
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