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Blog de Rosario Pancorbo

domingo, 13 de marzo de 2016

Carta 12ª a Gustav Mahler




Él, impregnó con su música mi alma... y surgieron de ella estas emociones, plasmando una leyenda soñada:

Susurras mis nostalgias que se elevan y te buscan, al tiempo descienden en travesía enamorada y perdida. “Mi sístole y diástole”ahora tú...

Él lo sabe, y también me lo susurra, triste y hallado mi corazón que me habla de un amor bello en un día claro, azul como su mirador... Mirador sangrante de pena contenida, búscame en el infinito, allí me encontrarás. Vestidura blanca me ciñe en tu laureado sueño, en tu ascenso a mí. 

Soy la brisa que te besa y pasa brevemente por tu recuerdo enamorado, enamorado de tanta pasión concebida ahora. Siente mi marcha silenciosa, aprecia el dolor del deseo airado por tenerte en disfunción de tiempos a contratiempos torpes, que olvidan tu nombre y el mío... pero no temas, que nuevamente volveré a plañir tu amor... Mi amor.

Eres a quien amé, al que amé antes de contemplar y admirar. Vivías en mí y no sabía de ti. 
En distintas épocas hemos soñado la misma entrega; una entrega de marfil pulcra, clara como esas uvas versadas por Neruda, para ella, como una melodía inventada hace tanto tiempo... 

Conjunción perfecta de arte, ocaso soñado al alba también, en ese malva de mis sueños que tiembla en el crespúsculo de dos vidas paralelas y tan soñadas, que de la fuerza y pasión de no vivirse se diluyen en distancia. Se apagan con el silencio dilatado de recuerdos serenos de dos almas que sucumben enamoradas.

Has tejido fantasías hilando destellos de armonías musitadas, me has coronado en tu corazón, sin conocerme, ¡obviando tanto! Llegaste con tu corazón desgastado al plantel de mi vida, sucumbí a ti, asciendo ahora y no me dejarás caer…

Tanto amor sientes, que sin pensar abandonarías toda vida en ti. 
Sin rodeos mi amor tornasola, ahora puedo marchar, y no me dejarás caer...

Te amo en el ascenso y en el descenso, sí, en tu sístole y diástole, resido en ti, y para siempre tú en mí.

Para el tejedor de notas: junto a tu música amada se pudo leer la tinta de mi alma...

P.D. El tiempo, siempre el tiempo… da y quita razón, más quita que da, y da aquello que no queremos llevar y llevamos aquello que no queremos quitar…

Este jeroglífico me lleva por el camino de la determinación, y me da razón para saber ahora, como diría el Profesor Atilio (Roberto Benigni en “El tigre y la nieve”) en su clase de poesía, tú fuiste: “un tranvía con retraso…” Pero un tranvía entusiasta. 
Gracias por las rosas; por su belleza, por su dolor y por su enseñanza.

Esta carta no quería quedar presa, te doy la libertad y, con ello, me libero.
Texto: Rosario Pancorbo. 

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