RÉQUIEM POR UNA SOMBRA



Recuerdo los días en que la sangre se transformaba en música y corría, indomable y a gran velocidad, por todo mi ser. Cantar entre acordes perfectos en imperfectos, uniendo mi voz a la melodía, era existir en otra dimensión.

Hubo un tiempo en que agoté toda mi energía en el "Libera me, Domine", dejando mi vida en una penumbra que susurraba un tímido ruego del juicio para poder llegar, consciente, al paraíso.

Hoy, los años y la distancia me han enseñado que la verdadera liberación no se suplica al cielo ni depende de manos ajenas: se ejecuta desde dentro. He aprendido a proteger mi energía, a blindar mi luz y a construir mi propio edén en el presente.

Lo que se mantiene vivo en el alma, se mantiene vivo en el tiempo. Por eso hoy rescato esta obra que dormía, latente, en el corazón. Comparto este Réquiem porque la música y la belleza del canto nos pertenecen a quienes lo entregamos con pureza, sin filtros y sin mentiras cruzadas. Mis latidos de voz ya no nacen del ayer, sino del orgullo absoluto de saberme dueña de mi propio destino.




Rosario Pancorbo

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