Daría y Amelia
Con el recién estrenado frío he
transitado entre números; infinitos números sin huellas o sombras. Ninguno me
ha llevado a ti, tampoco eras a quien buscaba.
En el silencio que te acompaña a
diario he podido sentir la resaca del murmullo de días pasados. Susurro
ocasional: visitas y vestiduras de gala que cada año honran la memoria de una
piedra que guarda el vacío de lo amado.
He paseado buscándote de nuevo,
entre el gris perlado del suelo y el carmesí del cielo que despide a un sol
discreto, un sol de noviembre que viste cada vez con menos presencia. No sé cómo,
pero te he encontrado a ti, a tus amores y a un acertijo que ha planeado en mi
cabeza, resuelto hoy en mi entendimiento, pero equivocado en la historia. He
querido contarlo:
Tiene mi tierra un antiguo
camposanto que, aunque derruido y casi abandonado, aún conserva su prestancia y
vigila los resquicios por donde se adivinan voces dormidas. Voces que, más que
yaciendo en la piedra, viajan con el viento o, transparentes cual gotas de
rocío, habitan en la hierba y en la tierra. Anidan en mi imaginación los
antepasados; casi todos desconocidos para mí, pero yo encuentro mi reflejo en
todos ellos. Soy la mariposa de alas silenciosas fundida en la intuición de un
corazón que no miente.
Allí, en el camposanto, se
encuentran dormitando junto a su amado, el sublime arquitecto de “palacios y
teatros”, dos mujeres, dos musas que inspiraron al hombre, amadas esposas.
Tejieron más vida para él, impulsaron parte del arte en el artista y él les
regaló la inmortalidad, sellando su amor con sus nombres en un hermoso teatro
de vidas: Daría y Amelia.
Texto y edición de vídeo:
Rosario Pancorbo
buenas noches muy lindo gracias felices sueños y un dulce despertar, Rosario Pancorbo
ResponderEliminarBuenas tardes Isidro, muchas gracias, siempre... Salud y Vida amigo!
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