VERSOS LIBRES
I
Gracias al infinito,
que me resguardó del cierzo,
del viento negro
y de la galerna implacable
que agota sin prisas.
II
Gracias al infinito,
porque me enseñó a volar
liberando mis alas de un caduco cazador de mariposas,
de un decrépito corazón desprovisto de latido alguno.
Un fingido y “maltrecho” corazón,
sempiternamente insatisfecho.
III
"Ya no queda nada,
ya está todo muerto y enterrado".
Así rezaba el acta de defunción de mi pasado.
IV
No voy a tintar ni una hora más de oscuridad,
porque ya se extinguieron los latidos negros.
Me abraza la marcha del alisio
y la luz es protagonista plena,
ella pasa sin permiso.
Trasciende cualquier tragedia;
no hay nada que merezca una pena.
V
No leo mapas de viejas posdatas,
menos aún interpreto imposibles jeroglíficos;
ahora, tan solo escucho los susurros de mis silencios,
que me hablan cuando todo se calla.
Alta es la voz de mi sombra
y blanco el silencio de mi templo interno.
Así se define la rosa de mi brisa,
que es mi anclaje y mi guía.
VI
Hace muchas horas que ya no vivo afuera,
pero sí sigo trascendiendo dentro,
allí donde todo cobra sentido
y se alza sin conjeturas ni maldad.
Tampoco camino,
floto liberada de cualquier hipocresía
y con la certeza de mi palabra.
Tan rotunda como la luz de ese faro que corta la niebla,
como el aceite en el agua,
así se alza mi voz sin enturbiarse con ningún otro ruido.
VII
No me cuesta alcanzar la luz
porque resido en ella.
Soy una hoja de junco, una tela y un cerrojo,
una boca, un lazo, un pájaro.
Lo soy todo,
mas no llevo nada.
VIII
Cada vez que despierto
siento un profundo agradecimiento
por ese infinito del inicio,
y le susurro que se quede conmigo hasta el final,
si es que lo hay...
Es como tocar el techo de los techos y,
aunque parezca que da miedo,
yo no lo siento.
Gracias al infinito.
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